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Cuando el bolsillo aprieta, la salud espera: ¿Por qué muchos pobres terminan eligiendo clínicas privadas ?

Cuando el bolsillo aprieta, la salud espera: ¿Por qué muchos pobres terminan eligiendo clínicas privadas ?

No fui a un hospital público en busca de una historia para escribir.  Fui como cualquier paciente: necesitaba recibir atención médica. Llegué con la intención de ser atendido y salir con una respuesta a mi problema de salud.

Pero mientras esperaba, observaba a mi alrededor y comencé a hacerme una pregunta que terminó convirtiéndose en el tema de este reportaje: ¿por qué una persona de escasos recursos, que muchas veces no tiene dinero ni siquiera para comprar medicamentos, termina pagando una consulta en una clínica privada?

La respuesta parece sencilla, pero detrás hay una realidad mucho más compleja.En mi experiencia, una de las primeras dificultades fue el tiempo. Esperar para ser atendido puede convertirse en una verdadera prueba de paciencia. Hay personas que llegan temprano y pasan horas esperando.

Algunas tienen que regresar a sus trabajos, otras tienen hijos en casa y otras simplemente no pueden permanecer todo el día en un centro de salud.  Y ahí entendí algo: cuando una persona vive de lo que gana diariamente, el tiempo también tiene un precio.

Para quien recibe un salario bajo o trabaja por cuenta propia, perder varias horas esperando atención médica puede significar perder parte del dinero con el que alimentará a su familia.Entonces aparece la clínica privada.No necesariamente porque el paciente tenga dinero de sobra, sino porque muchas veces está dispuesto a hacer un sacrificio para ser atendido rápidamente.

En una clínica, aunque tenga que pagar la consulta, el proceso puede ser más directo: llegar, registrarse, pagar y entrar al consultorio.

En el hospital público, en cambio, el paciente puede encontrarse con procesos administrativos, turnos, autorizaciones, citas y diferentes pasos que, dependiendo del servicio que necesite, pueden prolongar considerablemente su espera.

Durante mi visita también pude observar las condiciones físicas del entorno. Algunas áreas necesitan mayor mantenimiento, existen espacios donde la privacidad del paciente es limitada y hay situaciones que, aunque quizás parezcan pequeñas, para una persona enferma representan una incomodidad adicional.

Y aquí surge otra pregunta: ¿cuánto vale ser atendido con dignidad?Cuando uno está enfermo no solamente necesita un médico.

Necesita sentirse escuchado, recibir una explicación y tener la sensación de que alguien está pendiente de su problema.

El trato también pesa en la decisión.No necesariamente porque los médicos de los hospitales públicos sean peores profesionales.

Todo lo contrario. Muchos trabajan bajo una enorme presión y atienden diariamente a una cantidad considerable de pacientes.

El problema puede estar también en las condiciones en las que deben trabajar.Un médico que tiene que atender a decenas de personas en poco tiempo difícilmente podrá dedicarle a cada paciente la misma cantidad de minutos que podría dedicarle en una consulta privada.Y entonces aparece otra situación que escuchamos con frecuencia: el paciente sale con una receta y tiene que comprar los medicamentos.

Onecesita realizarse un análisis y debe buscar un laboratorio privado.O necesita un estudio que no está disponible inmediatamente y termina teniendo que pagarlo por su cuenta.En ese momento, aquello que parecía ser una atención gratuita comienza a generar gastos adicionales.

Por eso algunas personas terminan diciendo:“Prefiero pagar la consulta y resolverlo de una vez.”No porque les sobre el dinero.Todo lo contrario.Para una familia humilde, pagar una consulta privada puede significar dejar de comprar algo en el supermercado, atrasar una factura o pedir dinero prestado.

Pero cuando está en juego la salud, muchas personas prefieren hacer ese sacrificio antes que continuar esperando.Esta experiencia también me hizo pensar en algo que pocas veces se analiza: el costo de esperar.Porque esperar no siempre es gratis.Tiene un costo económico para quien deja de trabajar, un costo familiar para quien debe buscar quién cuide a sus hijos y, en determinados casos, un costo médico si una enfermedad se complica por falta de atención oportuna.

Por eso, cuando vemos a una persona de escasos recursos entrando a una clínica privada, no necesariamente debemos asumir que tiene dinero.Quizás está haciendo precisamente lo contrario: sacrificando el poco dinero que tiene para comprar tiempo, atención y tranquilidad.La salud pública debe ser una garantía para todos, especialmente para quienes no pueden pagar una atención privada.

Y cuando una persona tiene que elegir entre esperar durante horas en un hospital o endeudarse para recibir atención en una clínica, queda planteada una pregunta que merece ser discutida:¿realmente estamos garantizando el acceso a la salud de los más pobres, si para recibir atención oportuna muchos terminan teniendo que pagar?Mi visita al hospital me dejó esa inquietud.No se trata de atacar a los hospitales públicos ni de afirmar que todas las clínicas privadas funcionan mejor.

Se trata de mirar desde la perspectiva del paciente.Porque cuando uno está enfermo, no piensa en estadísticas ni en discursos.Piensa en algo mucho más sencillo:“Necesito que me atiendan.”Y cuando el bolsillo aprieta, esa necesidad puede convertirse en una decisión difícil: esperar gratis o pagar lo que no se tiene para recibir atención más rápido.

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