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Por qué el país no debe retroceder: la necesidad de continuar bajo el liderazgo del PRM

Por qué el país no debe retroceder: la necesidad de continuar bajo el liderazgo del PRM

Por Sandy de la Rosa 

En un escenario político marcado por la desconfianza ciudadana y el hartazgo frente a las viejas prácticas, la continuidad del Partido Revolucionario Moderno (PRM) en el liderazgo del país se presenta no como una consigna partidaria, sino como una necesidad histórica para evitar un retroceso institucional.

Durante más de 16 años, el país estuvo bajo administraciones del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), encabezadas por Leonel Fernández y Danilo Medina, periodos que hoy son ampliamente cuestionados en la opinión pública y en las redes sociales.

A pesar de los discursos de estabilidad y crecimiento, esos gobiernos dejaron una herencia de debilitamiento institucional, concentración del poder y graves cuestionamientos éticos que aún pesan sobre el sistema político.Leonel Fernández, hoy reciclado como “opción nueva”, representa para muchos ciudadanos más de lo mismo.

Su figura está asociada a un modelo de gobierno que priorizó la élite política, con decisiones que todavía generan debates y señalamientos en redes sociales sobre el uso del poder y la desconexión con la realidad social del país. Cambiar de partido no borra responsabilidades ni trayectoria.

Por su parte, Danilo Medina y el PLD cargan con el descrédito de un ciclo político agotado, marcado por escándalos, denuncias públicas, funcionarios cuestionados y una cultura de impunidad que fue duramente castigada en las urnas.

El intento de reposicionar esas figuras choca con una ciudadanía que ya no olvida con facilidad.A este panorama se suman nuevos aspirantes oportunistas, que han salido a la escena política buscando “su parte del pastel”, muchos de ellos con pasados cuestionables, contradicciones evidentes y señalamientos que circulan ampliamente en redes sociales, expuestos por comunicadores y plataformas digitales que han puesto bajo lupa sus historias personales y políticas.

Lejos de representar renovación, encarnan el mismo viejo libreto con nuevos rostros.En contraste, el PRM ha sostenido un discurso y una práctica orientados a la transparencia, el fortalecimiento institucional y el respeto a los organismos de control, permitiendo que los procesos sigan su curso, aunque afecten a figuras del propio entorno político.

Ese cambio de cultura ha sido reconocido incluso por sectores que no se identifican con el partido oficialista.

El país no necesita volver atrás ni experimentar con improvisaciones disfrazadas de cambio. Necesita continuidad en la institucionalidad, responsabilidad en el manejo del poder y coherencia entre discurso y acción. En ese contexto, seguir bajo el liderazgo del PRM no es un acto de fe partidaria, sino una decisión racional frente a un pasado que la mayoría no desea repetir.

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