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El secuestrador más temido que tuvo México

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Daniel entró enojado a la habitación donde tenía secuestrado a Leobardo desde hace dos meses; llamó a dos de sus secuaces, les ordenó que vendaran los ojos de su víctima y lo acostaran boca arriba; con el peso de sus cuerpos lo inmovilizaron.

Entonces Daniel tomó unas tijeras grandes utilizadas para destazar pollos, se acercó a Leobardo y deslizó el objeto metálico entre una de sus orejas y la cortó.

Llamó a la esposa de la víctima para decirle que, como no le había entregado el millón de pesos necesarios para liberar a su marido le habían dejado algo especial cerca su casa: un mensaje de parte de su esposo en una bolsa de plástico.

A partir de ese momento la prensa lo comenzaría a identificar como uno de los personajes más terribles de México y Daniel Arizmendi López sería bautizado por los medios de comunicación como “El Mochaorejas”.

El Freddy Krueger mexicano

Esa primera oreja la cortó a su cuarto secuestrado, el dueño de unas bodegas en el municipio de Ixtapaluca en el Estado de México, Leobardo Pineda, a quien privó de su libertad el 7 de diciembre de 1995.

Luego de tres meses de negociaciones la familia pagó el rescate tras recibir la oreja como mensaje intimidatorio, pero quien fue a cobrarlo fue detenido por la policía y el dinero nunca llegó a manos de Arizmendi, por lo que, iracundo asesinó a Leobardo Pineda. Su cadáver fue encontrado el 5 de febrero del 1996.

Pronto comenzaron a circular historias de un temible secuestrador que mutilaba las orejas de sus víctimas para enviárselas a los familiares y presionarlos para que le entregaran el rescate, aunque nadie sabía cuál era su identidad.

Foto: Cuartoscuro

Durante los siguientes años los secuestros de Arizmendi continuaron. Entre las víctimas se encuentran: Karlio Alonso Hernández, hijo de un empresario dedicado a la venta de gasolina; Alejandra Hostrasher, una joven de origen español hija de los dueños de la empresa Anís del Mico, a ella le cortó las dos orejas; Luis Gazcón Reyes, propietario de la Agrupación Abarrotera para la Comercialización y Raúl Nava Ricaño hijo de un empresario platanero que contaba con grandes ranchos y locales en la Central de Abasto de la Ciudad de México. Nava Ricaño fue asesinado por Arizmendi porque no le dieron el dinero que pedía por su vida.

Sin embargo, el secuestro de Karlio Alonso Hernández fue crucial para el destino de Daniel Arizmendi.

A Karlio Alonso Hernández lo secuestró a mediados de 1996 y la policía lo encontró en una vieja discoteca llamada Skates, en el Estado de México, pero siguiendo el rastro de otro desaparecido.

A quien en verdad buscaban las autoridades era a Alberto Quiles, hijo del priista Eduardo Quiles, quien había sido levantado por El Ronco, un miembro de la banda conocida como Las Víboras.

En ese lugar, aparte de rescatar a Karlio, los policías detuvieron a tres miembros de la banda de Arizmendi, quien hasta ese momento era un completo desconocido, A partir de ese día, el temible “Mochaorejas” ya tenía nombre para las autoridades: Daniel Arizmendi López.

Foto: Cuartoscuro

Sin embargo no fue sino hasta el 24 de noviembre de 1997 cuando el periódico Reforma hizo pública la identidad del secuestrador.

En 1997 México apenas se recuperaba de una de las peores crisis económicas y políticas que se habían registrado en la historia del país, no obstante, el tema de los secuestros no era nada positivo pues ese año por primera vez se registraron mil 47 plagios, una de las cifras más altas de la década.

Aunque Arizmendi no era el único secuestrador, sus fechorías atraían la atención pública y mediática por las mutilaciones que realizaba a las víctimas, de esa forma lograba que el secuestro fuera todavía más horrible y aumentaba la angustia en las familias del prisionero.

No obstante, la mutilación en un secuestro no es algo que Arizmendi inventara. El periodista Héctor de Mauleón escribió en un reportaje sobre el secuestro para la revista Nexos, que la primer mutilación de una persona secuestrada de la que se tiene registro en el Distrito Federal es la de Jesús Chacón Pérez, en 1989, a quien se le cercenó el dedo índice de la mano izquierda y luego fue asesinado.

Desde noviembre de 1997 a agosto de 1998 Arizmendi captó toda la atención de los medios de comunicación y se convirtió en el personaje más temido y odiado de México, de tal forma que el cronista Carlos Monsiváis lo llamó el ’Freddy Krueger de la pesadilla nacional’.

Foto: Cuartoscuro

La caída del “Mochaorejas”

El 25 de marzo de 1998 Daniel Arizmendi sufre uno de los peores golpes a su carrera delictiva. Daniel Vanegas Martínez, uno de sus hombres más cercanos es capturado y cuando es interrogado revela todos los lugares que frecuenta el “Mochaorejas” para evadir a las autoridades.

Con esa información, el 22 de mayo de 1998 la Policía Judicial Federal ubica al hijo de Arizmendi y lo persiguen por el centro de Cuernavaca. Luego de un enfrentamiento, Daniel hijo es capturado y revela a la policía el lugar donde se esconde su padre.

Luis Cárdenas Palomino, subcomandante de la Policía Judicial Federal, se dirige a la casa donde supuestamente se esconde Arizmendi, pero al llegar sólo encuentran a su esposa, María de Lourdes Arias García, quien también es detenida.

Los medios de comunicación no paran de reportar el caso, de realizar programas especiales sobre el terrible personaje, de exaltar su violencia, de contar las historias de las víctimas, y de infundir miedo en la población, porque el “Mochaorejas” seguía libre y podría estar en cualquier lugar del país.

Cass R. Sunstein escribe en el libro Leyes de miedo: Más allá del principio de precaución, que las fuentes noticiosas ayudan a desencadenar el pánico en las personas ya que siempre cuentan los peores escenarios que alguien puede enfrentar; además, señala que los reportes de delitos como los asesinatos y secuestros “provocan miedo en la gente a riesgos que probablemente nunca enfrentarán”.

Por su parte, la periodista española Margarita Rivière Martí explica en su obra, El malentendido: cómo nos educan los medios de comunicación, que a los medios les gusta generar miedo porque sencillamente es algo rentable y les garantiza ventas y lectores. Agrega que “el arma del miedo existe para controlar voluntades y crear la sensación de inseguridad e impotencia en las sociedades”.

Daniel Arizmendi probablemente se dio cuenta del poder que tenía en la prensa, ya que lo utilizaban como la figura criminal del momento, por lo que decidió hacer una llamada telefónica al diario Reforma, que fue publicada el 2 de junio de 1998 y en la que aseguraba que no se pensaba entregar y prefería morir antes de ir a la cárcel.

Casi acorralado, Arzimendi decide llevar a cabo otro secuestro en agosto, el último que realizaría y en el que todo le saldría mal. La víctima sería Raúl Nieto del Río, un empresario de Querétaro.

Para desgracia de Arizmendi, mientras realizaban el secuestro uno de sus secuaces le disparó a Nieto del Río y lo mató. El “Mochaorejas” le hizo honor a su apodo por última vez y le cortó las dos orejas al cadáver con un cuchillo y las envió a los familiares de la víctima para exigir 15 millones de dólares.

Pero la carrera delictiva de Arizmendi ya estaba terminada, las autoridades sabían todos sus movimientos y lo vigilaban de cerca, incluso sabían que Raúl Nieto del Río ya estaba muerto.

El 18 de agosto de 1998, Daniel Arizmendi López “El Mochaoreja” fue detenido por agentes de la Procuraduría de Justicia del Estado de México encabezados por Alberto Pliego Fuentes, quien sería conocido como “El Superpolicía”.

Años más tarde se sabría que Pliego Fuentes, “El Superpolicía”, protegía a varias bandas criminales y se sospecha que llegó a proteger al propio Arizmendi.

El mismo día de la captura el Procurador General de la República, Jorge Madrazo Cuéllar, encabezó una rueda de prensa en la que reveló los detales de la captura del temido secuestrador.

En la primera plana del diario La Prensa del 19 de agosto de 1998 aparecía una foto de Arizmendi acompañado por el encabezado ¡MáTENME! y es que una nota periodística del diario señala que el “Mochaorejas” dijo que “Sería más bonito morir que estar en la cárcel, ojalá Dios mande a alguien para que me mate”.

Sentenciado a 398 años de prisión

Actualmente Daniel Arizmendi López se encuentra en el Penal Federal de Puente Grande, en Jalisco, en el área de tratamientos especiales, donde se encuentran los criminales más peligrosos, pagando una condena de 398 años de prisión por cometer 21 secuestros y tres asesinatos.

En el libro Los Malditos: Crónica negra desde Puente Grande, el periodista Jesús Lemus, que fue encarcelado en el penal de Puente Grande injustamente, relata que tuvo la oportunidad de conversar con Arizmendi, ya que por unos días fue su vecino de celda.

Lemus describe a Arizmendi como un hombre calmado al que nunca percibió como el terrible homicida que describieron los medios. Ante la pregunta del periodista de que si se arrepentía de lo que hizo, Arizmendi le contestó: “Sí. Sí me arrepiento de haber hecho lo que hice, pero pos aquí ya poco sirve el arrepentimiento (…) el arrepentimiento es sólo una pomadita que se la pone uno todos los días, cuando le duele la cárcel en los huesos”.

Viernes, 20 de Noviembre de 2015 13:36 sandy sin tema

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